El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo »Pasaron dos meses, durante los cuales, debo decirlo en elogio del juez, se hicieron toda clase de pesquisas para encontrar al abate. Yo ya había perdido toda esperanza. Caderousse seguía libre. Yo iba a ser juzgado en la próxima sesión, cuando el 8 de septiembre, es decir, tres meses y cinco días después del suceso, el abate Busoni, de quien yo ya no esperaba nada, se presentó en la prisión diciendo que se había enterado de que un prisionero deseaba hablar con él. Supo, decía, de este asunto en Marsella y se apresuró a cumplir mi deseo.