El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El fiscal del rey entró con el mismo paso grave y acompasado con el que entraba en la sala del tribunal; era el mismo hombre, o más bien la continuación del mismo hombre que vimos antaño de sustituto en Marsella. La naturaleza, consecuente con sus principios, no había cambiado para él el curso que debía seguir. De delgado, había pasado a ser escuálido; de pálido, a amarillo; sus ojos hundidos eran cavernas, y sus gafas de patillas de oro, al posarse sobre la órbita de los ojos, parecían formar parte del rostro; excepto su corbata blanca, el resto de su indumentaria era totalmente negra, y ese color fúnebre sólo se cortaba con una ligera cinta roja que pasaba imperceptiblemente por la botonadura y que parecía una línea de sangre trazada al pincel.

Por muy dueño de sí que fuera Montecristo, examinó con visible curiosidad, al devolverle el saludo, al magistrado que, desafiante por costumbre y poco crédulo sobre todo de las maravillas sociales, estaba más dispuesto a ver en el noble extranjero —era así como llamaban ya a Montecristo— a un buscavidas que viene a explotar un nuevo teatro de operaciones, o a un malhechor quebrantando el destierro, más que a un príncipe de la Santa Sede o a un sultán de Las mil y una noches.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker