El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Y Montecristo sacó de su bolso otro paquete.
—Aquà hay diez mil francos más —dijo—; con los quince mil que tiene usted en su bolsillo, serán veinticinco mil. Con cinco mil francos se comprará usted una bonita casa y dos arpendes de tierra; con los otros veinte mil tendrÃa usted mil francos de renta.
—¿Un huerto de dos arpendes?
—Y mil francos de renta.
—¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo!
—¡Pero, cójalo!
Y Montecristo puso por la fuerza los diez mil francos en la mano del empleado.
—¿Qué tengo que hacer?
—Nada del otro mundo.
—¿Pero, en fin?
—Repetir estas señales.
Montecristo sacó de su bolsillo un papel en el que habÃa tres señales trazadas, números indicando el orden en el que debÃan ser hechas.
—No le llevará mucho tiempo, como ve.
—SÃ, pero…
—Es para que tenga sus griñones y todo lo demás.