El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo El señor conde de Montecristo queda advertido de que esta misma noche un hombre se introducirá en su casa de los Champs-Elysées, para sustraer documentos que cree que están guardados en el secreter del gabinete de aseo; se tiene al conde de Montecristo por alguien lo suficientemente valiente como para no recurrir a la intervención de la policía, intervención que podría comprometer grandemente a quien le da este aviso. El señor conde, ya sea por la abertura que va del dormitorio al gabinete de aseo, ya sea ocultándose en ese gabinete, podrá él mismo tomarse la justicia por su mano. Demasiada gente o precauciones demasiado aparentes alejarían ciertamente al malhechor, y harían perder, al conde de Montecristo, la ocasión de conocer a un enemigo que, por azar, descubrió quien le envía este aviso, aviso que quizá no tenga la ocasión de repetir si, en caso de que esta primera empresa fracasara, el malhechor iniciara otra semejante.