El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Usted contará el resto, señor cura; usted dirá que el asesino se hace llamar Andrea Cavalcanti, que se aloja en el Hôtel des Princes, que… ¡ah! ¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo! ¡Me muero!
Y Caderousse se volvió a desmayar.
El abate le acercó el frasco para que lo inspirara; el herido volvió a abrir los ojos.
No le habÃa abandonado su deseo de venganza.
—¡Ah! Usted dirá todo eso, ¿no es asÃ, señor cura?
—Todo eso, y muchas más cosas.
—¿Qué dirá?
—Diré que él le dio el plano de esta casa con la esperanza de que el conde le matara. Diré que él habÃa avisado al conde con una nota; diré que el conde no estaba en la casa y que fui yo quien recogió la nota, y que vigilé para esperarle.
—¿Entonces irá a la guillotina, no es as� —dijo Caderousse—. Irá a la guillotina, ¿me lo promete? Muero con esa esperanza, ayúdeme a morir.
—Diré —continuó el conde—, que llegó después de usted, que le estaba espiando; que cuando le vio salir, corrió hacia la esquina del muro y se escondió.
—¿Entonces usted vio todo eso?