El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Conde —dijo—, gracias por su estupenda hospitalidad, de la que hubiera querido disfrutar más tiempo, pero tengo que regresar a París.

—¿Pues, qué ha ocurrido?

—Una gran desgracia; pero permítame marchar, se trata de algo más valioso que mi vida. Nada de preguntas, conde, se lo suplico, ¡sólo necesito un caballo!

—Mis caballerizas están a su servicio, vizconde —dijo Montecristo—; pero se va a matar de cansancio a caballo; coja una calesa, un cupé, u otro coche.

—No, tardaría más, y además, necesito ese cansancio que usted teme que sufra; me hará bien.

Albert dio algunos pasos dando vueltas como si le hubiera alcanzado un disparo y fue a caer sobre una silla, cerca de la puerta.

Montecristo no vio esa segunda debilidad; había ido a la ventana y gritaba:

—Alí, un caballo para el señor de Morcerf, ¡que se den prisa! ¡Es urgente!

Esas palabras devolvieron la fuerza a Albert; salió disparado de la habitación, el conde le siguió.

—¡Gracias! —murmuró el joven montando a la carrera—. Usted vuelva tan pronto como pueda, Florentin. ¿Hay alguna contraseña para que me den el caballo en el relevo?

—Ninguna, salvo que entregue el que monta; al instante le ensillarán el otro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker