El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Silencio! —dijo—, o estará perdido. No pensemos más que en usted, querido amigo, pensemos en que su cautiverio sea soportable o su fuga posible. Necesitaría años para rehacer usted solo lo que yo he hecho aquí, y que será destruido al instante mismo en el que nuestros contactos sean conocidos por los carceleros. Además, tranquilo, amigo mío, la celda que voy a dejar no estará mucho tiempo vacía: otro desgraciado vendrá a ocupar mi lugar. Y para ese otro, usted será un ángel salvador. Quizá el nuevo preso sea joven, fuerte y paciente como usted, podrá ayudarle en la fuga, mientras que yo se lo impedía. Ya no tendrá un medio cadáver atado a usted para paralizarle sus movimientos. Decididamente Dios hace por fin algo por usted: le da más de lo que le quita, ya es hora de que yo muera.

Edmond sólo pudo juntar sus manos y exclamar:

—¡Oh! Amigo mío, amigo mío, ¡cállese!

Después, recuperando las fuerzas, rotas por un instante ante ese golpe imprevisto, y su coraje, doblegado por las palabras del anciano:

—¡Oh! —dijo—. ¡Ya le salvé una vez, le salvaré ahora también!

Y levantó la pata del camastro sacando el frasco que tenía aún casi un tercio de ese licor rojo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker