La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Sin duda se les habÃa prevenido del golpe que se intentaba en Châlons, y habÃan marchado, el uno para apresurar la llegada de la guardia nacional de Reims, y el Otro para ir a buscar la de Vitry-le-Français.
HabÃan tomado sus medidas de concierto, y los dos llegaban oportunamente.
Mandaron hacer alto a sus hombres en la plaza, y obstruyeron esta completamente.
Después, sin más demostración, dióse orden de cargar las armas.
El cortejo se detuvo.
El rey asomó la cabeza a la portezuela y vio a Charny de pie, pálido y con los dientes apretados.
—¿Qué hay? —preguntó.
—Hay, señor, que nuestros enemigos han ido a buscar refuerzos, y que, como ya veis, se cargan las armas, mientras que detrás de la guardia nacional de Châlons los campesinos están con las suyas preparadas.
—¿Qué pensáis de todo esto, señor de Charny?
—Pienso, señor, que estamos cogidos entre dos fuegos, lo que no impide que si queréis pasar, sigáis adelante; pero no sé hasta dónde llegará Vuestra Majestad.
—Está bien —contestó el rey—, volvamos.
—¿Estáis bien resuelto, señor?