La Reina Margot
La Reina Margot Aquella mujer tan desdeñosa, tan atrevida, tan insolente en la felicidad, aquella mujer que llevaba el escepticismo hasta la suprema duda y la pasión hasta la crueldad, no habÃa pensado nunca en la muerte.
Margarita le ofreció su ejemplo.
En una bolsa bordada de perlas y perfumada con las más finas esencias guardó la cabeza de La Mole, más hermosa todavÃa al verse junto al oro y al terciopelo y a la que una preparación particular que se empleaba en aquella época para embalsamar a los reyes debÃa conservar eternamente su belleza.
Enriqueta se aproximó entonces a los cadáveres y envolvió la cabeza de Coconnas en su capa.
Curvadas por el peso de su dolor, más que por el de su carga, subieron la escalera dirigiendo una última mirada a los restos que quedaban a merced del verdugo en aquel antro sombrÃo destinado a los criminales vulgares.
—Nada temáis, señora —dijo Caboche interpretando aquellas miradas—; los caballeros serán sepultados santamente, os lo juro.
—Y tú les harás decir misas con esto —dijo Enriqueta, quitándose del cuello un magnÃfico collar de rubÃes y entregándoselo al verdugo.