La Reina Margot
La Reina Margot —Sí, tengo una audiencia particular con el duque de Guisa.
Desde que Coconnas hubo mencionado su propósito de ir al Louvre a buscar fortuna, La Hurière dejó de frotar su casco y fue a colocarse detrás de la silla de La Mole, de modo que sólo el otro jugador pudiera verlo, y desde allí empezó a hacerle señas al piamontés, quien, atento a su juego y pendiente de la conversación, no las veía.
—¡Es milagroso! —exclamó La Mole—. Teníais razón al decir que habíamos nacido bajo la misma estrella. Yo también tengo una cita esta noche en el Louvre; pero no con el duque de Guisa, sino con el rey de Navarra.
—¿Sabéis el santo y seña?
—Sí.
—¿Y tenéis algún distintivo?
—No.
—Pues yo sí: el santo y seña es…