La Reina Margot
La Reina Margot
AS dos parejas se retiraron a tiempo. Catalina introducÃa la llave en la cerradura de la segunda puerta cuando Coconnas y la señora de Nevers salÃan por la del fondo, de modo que la reina madre, al entrar, pudo oÃr las pisadas de los fugitivos por la escalera.
Miró a su alrededor inquisitivamente, y clavando por último sus ojos desconfiados en Renato, que estaba de pie inclinado ante ella:
—¿Quién estaba aqu� —preguntó.
—Unos amantes que se quedaron tan contentos en cuanto les aseguré que se amaban.
—Dejemos eso —dijo Catalina encogiéndose de hombros—. ¿Queda alguien más aqu�
—Tan sólo Vuestra Majestad y yo.
—¿Hicisteis lo que os dije?
—¿Respecto a las gallinas negras?
—SÃ.
—Ya están listas, señora.
—¡Ah! ¡Si fuerais judÃo! —murmuró Catalina.
—¿Yo judÃo, señora? ¿Y por qué?
