La Reina Margot
La Reina Margot —No os reconozco, maese Renato —dijo Enrique—. Dejáis atrás en materia de galanterÃa a todos los cortesanos.
—¡Oh! ¡Qué delicioso aroma! —exclamó Carlota, frotando sus hermosas manos con la nacarada espuma que se desprendÃa de la perfumada pastilla.
Renato representó hasta el final su papel de caballero galante y alcanzó una toalla de fina tela de Frisia a la señora de Sauve, que se secó las manos con ella.
—Y ahora —dijo el florentino a Enrique— haced lo que gustéis, monseñor.
Carlota tendió su mano a Enrique, que la besó, mientras ella se acomodaba en su silla para escuchar lo que iba a decir Renato. El rey de Navarra volvió a su sitio más convencido que nunca de que algo extraordinario sucedÃa en la mente del perfumista.
—Veamos —dijo Carlota.
El florentino pareció reunir toda su resolución y se volvió hacia Enrique.