La Reina Margot
La Reina Margot —¡Traicionarle! ¿Por qué? ¿Qué os ha confiado? ¿No es él quien os ha vendido dando a De Mouy vuestra capa y vuestro gorro como un medio para que se introdujera en el Louvre? ¡DecÃs que estáis a su servicio! ¿No me servÃais a mà antes que a él? ¿Os ha dado mayor prueba de amistad el duque de Alençon que la prueba de amor que tenéis de mÃ?
La Mole se puso de pie, pálido y confuso.
—¡Oh! —murmuró—. Ya me lo dijo Coconnas. La intriga me envuelve entre sus pliegues y me ahogará.
—¿Qué decidÃs? —preguntó Margarita.
—He aquà mi respuesta —dijo La Mole—. Se dice, y yo lo he oÃdo decir al otro extremo de Francia, donde vuestro ilustre nombre y vuestra reputación universal como belleza me llegaron despertando en mi corazón un vago deseo de lo desconocido, se dice que habéis amado algunas veces y que vuestro amor ha sido siempre fatal para quienes lo han merecido, de suerte que la muerte, celosa sin duda, os ha ido arrebatando uno a uno vuestros amantes.
—¡La Mole!…