La Reina Margot
La Reina Margot
OS dÃas siguientes a la boda transcurrieron entre fiestas, bailes y torneos. Continuaba estrechándose la unión entre los dos partidos rivales. Se prodigaron finezas y ternuras capaces de hacer perder la cabeza a los más fanáticos hugonotes; se vio al padre Gotton cenar y divertirse en compañÃa del barón de Courtaumer y al duque de Guisa remontar el Sena con el prÃncipe de Condé, en un barco con música.
El rey Carlos parecÃa haber olvidado su habitual melancolÃa y no se alejaba ni un minuto de su cuñado Enrique. Hasta la reina madre llegó a perder el sueño, tan alegre y entretenida estaba con sus bordados, joyas y plumas.
Los hugonotes, cediendo un tanto a la molicie de esta nueva Capua, comenzaron a lucir jubones de seda, a enarbolar sus divisas y a pavonearse ante ciertos balcones como si hubieran sido católicos. Por doquier se advertÃa tal reacción a favor de la religión reformada que pudo creerse por un momento que toda la corte se iba a convertir al protestantismo.
