La Reina Margot

La Reina Margot

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En la época en que transcurre nuestra historia, los bosques reales de los alrededores de París distaban mucho de ser lo que son hoy, es decir, grandes parques cruzados por caminos transitables. Entonces, la explotación forestal era casi nula. Los reyes no habían pensado aún en volverse comerciantes dividiendo sus bosques en cotos de caza o explotando las talas. Los árboles, sembrados por la mano de Dios a capricho del viento y no por hábiles jardineros, no estaban dispuestos a tresbolillo[27], sino que crecían a su antojo, como ocurre todavía en las selvas vírgenes de América. En una palabra, un bosque en aquel entonces era una guarida de jabalís, ciervos, lobos y bandoleros. Y sólo una docena de senderos que partían de un punto recorrían el de Bondy, que estaba rodeado por un camino circular, tal como la llanta de una rueda envuelve los radios.

Llevando la comparación más lejos, podría decirse que el cubo de la rueda constituía la única encrucijada, situada en el centro del bosque. Allí se reunían los cazadores extraviados para comenzar de nuevo la búsqueda de la presa.

Al cabo de un cuarto de hora sucedió lo que siempre sucedía en tales casos: insuperables obstáculos se opusieron al paso de los cazadores, los ladridos de los perros se perdían a lo lejos y el rey volvió al punto de partida, jurando y maldiciendo como de costumbre.


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