Las dos Dianas
Las dos Dianas —¡El diablo del infierno quedarÃa corrido como una mona en un caso como este! —exclamaba Carbón Barreau, titubeando entre sus dos sobrinos.
A falta de diferencias materiales, podÃan servir de guÃa a Gabriel y a los jueces las contradicciones de los hechos y lo opuesto de los caracteres de los dos MartÃn Guerra.
Desgraciadamente, tampoco este medio prometÃa resultados satisfactorios. Al hacer la historia de sus primeros años, Arnaldo y MartÃn contaban los mismos hechos, recordando las mismas fechas y citaban los mismos nombres con desesperante exactitud.
Por añadidura, Arnaldo presentaba cartas de su mujer, documentos de familia y su anillo de boda; pero MartÃn explicaba que Arnaldo, después de haberle hecho ahorcar en Noyón, pudo robarle los documentos y el anillo en cuestión.
La perplejidad de los jueces continuaba siendo la misma, su incertidumbre mayor cada dÃa. Tan claros y tan elocuentes eran los datos, los indicios, las apariencias presentados por uno y otro; y las manifestaciones de entrambos presentaban idénticas muestras de sinceridad.
Imposible fallar un litigio tan arduo si no se encontraban pruebas formales y testimonios concluyentes. Gabriel se encargó de suministrarlos.