Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros En efecto, por el extremo de la rue de Vaugirard empezaba a aparecer el gigantesco Porthos.
—¡Cómo! —exclamó D’Artagnan—, ¿m. Porthos es vuestro primer padrino?
—¿Os contrarÃa acaso?
—Lo más mÃnimo.
—Y ahà está el segundo —profirió Athos.
—¡Qué! ¿Vuestro segundo padrino es m. Aramis? —repuso D’Artagnan, volviendo la cabeza hacia donde indicara su interlocutor y con un acento de admiración más marcado que la vez primera.
—Claro está; ¿no sabéis que siempre vamos juntos y que entre los mosqueteros y los guardias, en la corte y en la ciudad, nos apellidan Athos, Porthos y Aramis, o los tres inseparables? A bien que como llegáis de Dax o de Pau…
—De Tarbes —dijo D’Artagnan.
—… se os puede disculpar la ignorancia de estos pormenores —repuso Athos.
—Por mi vida que os encaja de perlas el calificativo, y si mi aventura tiene alguna resonancia, probará por lo menos que vuestra unión no se basa en los contrastes.
En esto llegó Porthos, que dicho sea de paso habÃa cambiado de tahalà y dejado la capa, y después de saludar con la mano a Athos, se volvió hacia D’Artagnan.