Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros QUINTO DÍA DE CAUTIVERIO
Milady había recorrido la mitad del camino que debía conducirla a su triunfo, y la ventaja que acababa de obtener redoblaba sus fuerzas.
No era difícil, como ella hiciera hasta aquel momento, vencer a hombres dispuestos a dejarse seducir, y a los cuales la galante educación de la corte arrastraba rápidamente a la trampa; milady era lo bastante hermosa para no hallar resistencia de parte de la carne, y suficientemente diestra para vencer todos los obstáculos del espíritu. Pero ahora tenía que luchar contra un hombre de índole bravía, reconcentrado, insensible a fuerza de austeridad; contra Felton, a quien la religión y la penitencia habían hecho inaccesible a las seducciones al uso. El exaltado teniente alimentaba en su imaginación planes tan vastos, proyectos tan tumultuosos, que no podía distraerse con ningún amor, pasajero o lúbrico, pasión que se alimenta de ocio y crece por la corrupción. Milady, pues, con su fingida virtud, había abierto brecha en la opinión de un hombre advertido y terriblemente predispuesto contra ella y, con su hermosura, en el corazón y en los sentidos de un ser casto y puro. Finalmente, y gracias al experimento que hiciera en el sujeto más rebelde que la naturaleza y la religión pudiesen haber sometido a su estudio, vio hasta dónde llegaban sus recursos, desconocidos por ella misma hasta aquella ocasión.