Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros EL CONVENTO DE LAS CARMELITAS DE BÉTHUNE
Los grandes criminales llevan consigo algo así como una predestinación que les hace vencer todos los obstáculos y sustraerse a todos los peligros, hasta que la Providencia, cansada, ha señalado como escollo de su fortuna impía.
Así le sucedió a milady: pasó a través de los cruceros de Francia y de Inglaterra, y llegó felizmente a Boulogne.
Al desembarcar en Portsmouth, milady era una inglesa a quien las persecuciones de Francia lanzaran de La Rochelle; desembarcada en Boulogne, tras una travesía de cuarenta y ocho horas, se hizo pasar por francesa, diciendo que en su odio contra Francia los ingleses no la dejaban vivir tranquilamente en Portsmouth.
Por otra parte, milady poseía el más eficaz pasaporte: su hermosura, su porte aristocrático y la generosidad con que derramaba el dinero. Libre de las formalidades de costumbre gracias a la afable sonrisa y a los galantes modales de un antiguo gobernador del puerto, que le besó la mano, milady no permaneció en Boulogne más que el tiempo estrictamente necesario para echar al buzón una carta que decía:
Boulogne, el 25 por la tarde