Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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En esto se oyó el rodar del coche, que al ver a los mosqueteros partió a escape. Luego retumbaron tres o cuatro tiros.

—Por última vez, ¿os venís? —exclamó milady.

—Ya veis que las fuerzas me han abandonado; no puedo andar; huid sola.

—¡Sola! ¡Dejaros aquí! ¡Nunca! —profirió milady.

Esta se enderezó de improviso, lanzó un lívido rayo por los ojos, se acercó apresuradamente a la mesa y, abriendo con singular rapidez el engaste de un anillo, vertió el contenido en el vaso de mm. Bonacieux.

Lo que milady acababa de tirar en el vaso de su compañera era un grano rúbeo que se deslió al instante.

—Bebed, esto os dará fuerzas —dijo milady, cogiendo el vaso con mano firme y acercándolo a los labios de mm. Bonacieux, que bebió maquinalmente.

¡Ah! No era así como quería yo vengarme, dijo milady para sus adentros, mientras, sonriendo diabólicamente, volvía a poner el vaso sobre la mesa; pero uno hace lo que puede…

Milady salió apresuradamente de la celda, seguida de las miradas de mm. Bonacieux, que, cual los que sueñan que los persiguen y en vano se esfuerzan en andar, estaba como petrificada.


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