Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros M. de Tréville, acompañado de los cuatro jóvenes, tomó pues el camino del Louvre; pero con profunda extrañeza para el capitán, le dijeron que el rey habÃa salido para el bosque de Saint-Germain, a la caza del ciervo. Tréville se hizo repetir dos veces la nueva, y a cada vez sus compañeros vieron ponérsele más sombrÃo el rostro.
—¿Acaso ayer habÃa proyectado ya esa cacerÃa su majestad? —preguntó el capitán.
—No, excelentÃsimo señor —respondió el ayuda de cámara—, el montero mayor es quien ha venido esta mañana a decirle que durante la última noche habÃan desviado un ciervo para él. De buenas a primeras su majestad ha respondido que no irÃa, luego no ha podido resistir al placer que esa caza le brindaba, y después de comer ha partido.
—¿Ha visto el rey al cardenal? —preguntó Tréville.
—Es muy probable que sà —respondió el ayuda de cámara—, pues esta mañana he visto a punto de marcha la carroza de su eminencia, y al preguntar yo adónde iba, me han dicho que a Saint-Germain.
—Nos han ganado por la mano —repuso Tréville—. Señores, esta noche veré al rey; pero en cuanto a vosotros, os aconsejo que no lo intentéis.