Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —TodavÃa más alto.
—¿De mm. de Chevreuse?
—Más, mucho más alto.
—¿De la?… —profirió D’Artagnan, interrumpiéndose.
—Habéis adivinado, caballero —respondió el desconocido, lleno de espanto y en voz tan baja que el mozo apenas pudo oÃrle.
—¿Y con quién?
—¿Con quién puede ser sino con el duque de…?
—¡El duque de…!
—SÃ, señor —respondió el interlocutor de D’Artagnan.
—¿Y cómo lo sabéis, vos?
—¿Cómo lo sé?
—SÃ; y no me vengáis con confidencias mancas, o… Y basta, ya me comprendéis.
—Lo sé por mi mujer, caballero, por boca de mi mismÃsima mujer.
—¿Y por quién lo supo ella?
—Por m. La Porte. ¿No os he dicho ya que mi mujer era la ahijada de m. La Porte, confidente de la reina? Pues bien, m. La Porte puso junto a su majestad a mi mujer, para que por lo menos nuestra pobre reina tuviese alguien en quien confiar, abandonada como se ve por el rey, espiada por el cardenal y vendida por todos.