Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pues os engañáis de medio a medio —repuso Bonacieux—; lo que hay es que ayer estuve en Saint-Mandé para informarme de una sirvienta, de cuyo servicio me es absolutamente imposible prescindir, y como los caminos estaban intransitables, recogà este barro, que todavÃa no he tenido tiempo de quitármelo.
El lugar designado por el mercero como objetivo de su caminata fue otra prueba en corroboración de las sospechas que asaltaban al mozo. Bonacieux habÃa dicho Saint-Mandé, porque este punto estaba diametralmente opuesto a Saint-Cloud.
Esta probabilidad fue para D’Artagnan un primer consuelo; porque si Bonacieux sabÃa donde estaba su mujer, echando mano de recursos extremos podrÃa obligarle a abrir el pico y a dar suelta a su secreto. Solo faltaba cambiar tal probabilidad en certidumbre.
—Perdonad si no ando con cumplidos con vos, mi querido m. Bonacieux —dijo D’Artagnan—; pero nada da tanta sed como el no dormir, y el cuerpo me está pidiendo agua con mucha necesidad; dadme licencia para tomar un vaso de agua en vuestra casa; ya sabéis que esto no se niega entre vecinos.