Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Era en tiempos de las guerras entre católicos y hugonotes, y como veía que hugonotes y católicos se exterminaban mutuamente, ideó para su uso particular una creencia mixta, lo cual le permitía ser católico o hugonote según las circunstancias. Ahora bien, mi padre solía pasearse con la escopeta al hombro, detrás de los setos que orillan los caminos, y cuando veía venir un católico solo, inmediatamente sentía despertarse en su espíritu las creencias protestantes. Entonces encaraba su escopeta al viandante, y al hallarse este a diez pasos de la boca del arma, mi padre entablaba con aquel un diálogo que casi siempre acababa de la misma manera: soltando el viandante la bolsa para salvar el pellejo. No necesito decir que si el viandante era hugonote, a mi padre se le despertaba un fervor católico tan ardiente, que no acertaba a explicarse cómo, un cuarto de hora antes, pudiera habérsele ocurrido duda alguna respecto de la superioridad de nuestra religión. Porque yo soy católico, señor, así como mi hermano mayor protestante. Tal quiso mi padre, fiel a sus principios.
—¿Y qué fin tuvo un hombre tan aprovechado? —preguntó D’Artagnan.