Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Vamos, maese Bazin, tranquilizaos —dijo D’Artagnan—: en todas las condiciones de la vida puede uno ganar el reino de los cielos.

—¡Mi señor era ya tan buen teólogo! —contestó Bazin, haciendo pucheritos—: hubiera llegado a obispo y quizás a cardenal.

—¡Qué caramba! Bazinillo, tómate el trabajo de reflexionar un poco —dijo Aramis—. ¿De qué sirve ser eclesiástico? No por eso se zafa uno de ir a la guerra; ya ves tú, el cardenal va a emprender la primera campaña con el casco en la cabeza y la partesana al puño. ¿Y qué me dices de m. de Nogaret de La Valette?, ¿no es también cardenal? Pues pregúntale a su lacayo cuántas veces ha hecho hilas para él.

—Ya lo sé, mi señor —profirió Bazin, dando un suspiro—: todo anda hoy trastornado en el mundo.

Entretanto, los dos jóvenes y el lacayo habían bajado a la calle.

—Tenme el estribo, Bazin —dijo Aramis, subiéndose sobre la silla con su gracia y ligereza habituales.

Pero después de algunas vueltas y algunas corvetas del noble bruto, el mosquetero sintió tan insoportables dolores, que palideció y se tambaleó.

D’Artagnan que, en previsión de tal accidente, no había perdido de vista a Aramis, se abalanzó sobre él, le retuvo en sus brazos y lo condujo a su aposento.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker