Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros MILADY
D’Artagnan, que habÃa visto subir a milady a su carroza, y habÃa oÃdo como aquella daba a su cochero la orden de que la condujera a Saint-Germain, juzgó que serÃa inútil seguir a pie un coche arrastrado por tan fogosos caballos al trote. Asà pues, hizo rumbo hacia la rue de Férou.
Al pasar por la rue de la Seine, el mozo vio a Planchet pegado al escaparate de una pastelerÃa y como en éxtasis ante un bollo que parecÃa de lo más apetitoso.
—¡Hola! —dijo D’Artagnan a su lacayo, arrancándolo de su contemplación—, a escape a las caballerizas de m. de Tréville, ensilla dos caballos, uno para mà y otro para ti, y volando te reúnes conmigo en casa de Athos.
Y aquà cabe mencionar que el capitán de los mosqueteros habÃa puesto sus caballerizas a la disposición de D’Artagnan.
Planchet se encaminó a la rue du Colombier, y nuestro gascón, a la de Férou.
Athos, que estaba en su casa, destripando con tristeza una de las botellas del famoso vino de España que habÃa traÃdo de su viaje a Picardie, hizo seña a Grimaud, que obedeció como de costumbre, de que pusiese en la mesa un vaso para D’Artagnan.