Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Sin afectación alguna, milady cambió de asunto, y preguntó a D’Artagnan, despreocupadamente, si habÃa estado alguna vez en Inglaterra.
—Sà —respondió el mozo—, allá me envió m. de Tréville para contratar una remonta de caballos; y por cierto que traje cuatro por muestra.
Durante la conversación, milady repulgó dos o tres veces la boca; y es que se las habÃa con un gascón que era la cautela personificada.
D’Artagnan se retiró a la misma hora que la vÃspera, y al pasar por el corredor volvió a encontrarse con la hermosa Ketty, que asà se llamaba la doncella; quien le dirigió una mirada tan llena de ternura, que equivalió a una declaración formal. Pero D’Artagnan estaba tan preocupado con el ama, que solo notaba lo que de esta provenÃa.
Nuestro gascón visitó de nuevo a milady los dÃas siguiente y subsiguiente, y cada vez fue recibido por aquella con más agasajo.
Cada noche también, ora en la antesala, ya en el corredor o en la escalera, el mozo se encontraba con la linda doncella; pero, como ya hemos dicho, D’Artagnan no se fijaba en la persistencia de la pobre Ketty.