Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —O por lo menos no saldré hasta más tarde —añadió el mozo, atrayendo hacia sà a la muchacha.
No habÃa manera de resistir; ¡hace tanto ruido la resistencia!, que Ketty cedió.
Aquel arranque del gascón fue una venganza contra milady; y D’Artagnan halló que estaban muy en lo cierto los que decÃan que la venganza es el placer de los dioses. Asà es que con un poco de corazón, el mozo se habrÃa contentado con aquella nueva conquista; pero D’Artagnan era todo ambición y orgullo.
Sin embargo, cumple decir a su favor que en lo primero que utilizó su influencia sobre Ketty fue en probar si por medio de ella podÃa averiguar qué habÃa sido de mm. Bonacieux; pero la pobre muchacha juró con las manos puestas en el crucifijo que no lo sabÃa, toda vez que su señora nunca dejaba penetrar más que la mitad de sus secretos; lo único que Ketty tenÃa por seguro era que mm. Bonacieux no estaba muerta.
En cuanto a la causa que por poco hace perder a milady su crédito ante cardenal, la doncella la ignoraba por completo; pero, en este punto, D’Artagnan estaba más adelantado que ella, pues daba por indiscutible que respondÃa al asunto de los herretes de diamantes el haber visto a milady a bordo de un buque a pique del ancla en el momento en que él partÃa de Inglaterra.