Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pero ¿no veis que no podéis salir de esta guisa? —repuso la doncella—. Vais casi desnudo.
—Es verdad —profirió el gascón, reparando por primera vez en la ligereza de su traje—. VÃsteme como puedas, pero aprisa; es asunto de vida o muerte.
La doncella, que comprendÃa demasiadamente la terrible situación de su amante, en un santiamén lo tapujó con un vestido floreado, una gran cofia y una manteleta; luego le dio unas pantuflas, y tirando de él lo condujo hasta el pie de la escalera.
En ese punto, toda la gente del palacio estaba en pie, despertada por los campanillazos de milady, que en el instante mismo en que el portero tiró del cordón para abrir la puerta, y también casi desnuda, se asomó a la ventana, gritando:
—¡No abráis!