Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

D’Artagnan se estremeció, y recordó que hacía media hora, la desventurada mercera había pasado junto a él, indudablemente llevada también por la misma fuerza que la hiciera desaparecer.

—Y, por último —continuó su eminencia—, como hacía algún tiempo que no oía hablar de vos, he querido saber qué hacíais. Por otra parte, me debéis alguna gratitud, pues ya habéis notado con cuánta consideración se os ha tratado siempre.

D’Artagnan se inclinó con respeto.

—Lo cual —prosiguió Richelieu— no solo era hijo de un sentimiento de equidad naturalísimo, mas también de un plan que yo me había trazado respecto de vos.

La admiración de D’Artagnan iba creciendo de punto.

—Plan que yo quería exponeros el día en que por primera vez mandé a buscaros —repuso Richelieu—. Por fortuna, nada se ha perdido a pesar del retraso, y hoy vais a oírlo. Sentaos ahí, delante de mí, m. D’Artagnan, sois bastante noble para no escuchar en pie.

El cardenal indicó con el dedo una silla al mozo, el cual estaba tan admirado de lo que estaba pasándole, que, para obedecer, no aguardó una segunda señal de su interlocutor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker