Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros La Rochelle, que cobrara mayor importancia con la ruina de las demás ciudades calvinistas, era, pues, foco de disensiones y ambiciones. Además, su puerto era ya el único abierto a los ingleses en el reino de Francia, y al cerrarlo a Inglaterra, la eterna enemiga de aquella, el cardenal daba cumplido remate a la obra de Juana de Arco y del duque de Guise.
Por eso Bassompierre, que a la vez era protestante y católico, protestante de creencias y católico como comendador de la orden de Espíritu Santo; Bassompierre, que si nacido en Alemania era francés de corazón; Bassompierre, en fin, que ejercía un mando particular en el sitio de La Rochelle, decía, cargando al frente de otros muchos señores protestantes como él:
—Ya veréis como seremos bastante brutos para tomar La Rochelle.
Y Bassompierre tenía razón: así como el cañoneo de la isla de Ré presagiaba las dragonadas de las Cévennes, la toma de La Rochelle era el preludio del edicto de Nantes[4].
Pero ya hemos dicho que junto a las miras del ministro nivelador y simplificador, miras que pertenecen a la historia, el cronista ve y debe ver otras miras menos levantadas, las del hombre enamorado y del rival celoso.