Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Pero como Toirac mandó al cuartel general del rey un parte comunicando que el enemigo estaba preparándose para un nuevo asalto, Luis XIII, que opinó que era preciso acabar de una vez, dio las órdenes necesarias para un ataque decisivo.
Como no tenemos la intención de hacer un diario del sitio, sino simplemente la de relatar los hechos que se relacionan con la historia que estamos narrando, nos limitaremos a decir en pocas palabras que la empresa tuvo un resultado satisfactorio con gran admiración del rey y a la mayor gloria del cardenal. Los ingleses, rechazados palmo a palmo, batidos en todos los encuentros, destrozados a su paso por la isla de Loix, se vieron obligados a reembarcarse, dejando en el campo de batalla dos mil hombres, entre ellos cinco coroneles, tres tenientes coroneles, doscientos cincuenta capitanes y veinte nobles de primera fila, más cuatro cañones y sesenta banderas que fueron llevadas a París por Claude de Saint-Simon, y suspendidas, con gran pompa, de las bóvedas de la catedral.
En el campamento se cantaron solemnes Te Deum, y luego en todo el reino.
Richelieu quedó, pues, dueño de proseguir el sitio sin que, al menos por el momento, tuviese que temer cosa alguna de parte de los ingleses.
Pero, como acabamos de decir, el reposo no era más que momentáneo.