Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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XLV

ESCENA CONYUGAL

Como Athos previera, poco después bajó Richelieu, el cual abrió la puerta del aposento en que habían entrado los mosqueteros, y encontró a Porthos jugando a los dados con Aramis.

El cardenal sondeó con rápida mirada todos los rincones de la pieza, y al ver que faltaba uno de los que lo escoltaran hasta el mesón, preguntó:

—¿Qué ha sido de m. Athos?

—Monseñor —respondió Porthos—, como ciertas palabras del mesonero le han infundido la sospecha de que el camino no estaba seguro, ha salido a la descubierta.

—Y vos, ¿qué habéis hecho, m. Porthos?

—He ganado cinco pistolas a Aramis.

—¿Y ahora podéis volveros conmigo?

—Estamos a las órdenes de vuestra eminencia.

—A caballo, pues, señores, se está haciendo tarde —dijo Richelieu.

El escudero estaba a la puerta y tenía cogido de la brida el caballo del cardenal. Un poco más allá, y entre sombras, había un grupo compuesto de dos hombres y tres caballos; aquellos dos hombres eran los que debían conducir a milady a la fortaleza de La Pointe, y proteger su embarco. El escudero confirmó al cardenal lo que los dos mosqueteros habían dicho ya a su eminencia respecto de Athos.


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