Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros ESCENA CONYUGAL
Como Athos previera, poco después bajó Richelieu, el cual abrió la puerta del aposento en que habían entrado los mosqueteros, y encontró a Porthos jugando a los dados con Aramis.
El cardenal sondeó con rápida mirada todos los rincones de la pieza, y al ver que faltaba uno de los que lo escoltaran hasta el mesón, preguntó:
—¿Qué ha sido de m. Athos?
—Monseñor —respondió Porthos—, como ciertas palabras del mesonero le han infundido la sospecha de que el camino no estaba seguro, ha salido a la descubierta.
—Y vos, ¿qué habéis hecho, m. Porthos?
—He ganado cinco pistolas a Aramis.
—¿Y ahora podéis volveros conmigo?
—Estamos a las órdenes de vuestra eminencia.
—A caballo, pues, señores, se está haciendo tarde —dijo Richelieu.
El escudero estaba a la puerta y tenía cogido de la brida el caballo del cardenal. Un poco más allá, y entre sombras, había un grupo compuesto de dos hombres y tres caballos; aquellos dos hombres eran los que debían conducir a milady a la fortaleza de La Pointe, y proteger su embarco. El escudero confirmó al cardenal lo que los dos mosqueteros habían dicho ya a su eminencia respecto de Athos.