Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Los tres mosqueteros no volvieron a proferir palabra hasta su tienda, excepto para dar el santo y seña a los centinelas; luego enviaron a Mousqueton para que dijese a Planchet que en cuanto a su amo le relevaran del servicio de trinchera, le rogase en nombre de sus amigos que se reuniese con ellos inmediatamente.

Por otra parte, como Athos lo previera, cuando milady halló a la puerta a los hombres que la estaban aguardando, no puso ninguna dificultad en seguirles; no que por un instante no hubiese alentado el deseo de hacerse conducir ante la presencia del cardenal para hacerle sabedor de lo que había pasado entre el mosquetero y ella; pero una revelación suya provocaba otra de parte de Athos, y por más que ella dijese que Athos la había ahorcado, Athos alegaría en favor de su acto la marca infamatoria. Lady Clarick calculó, pues, que lo mejor que podía hacer era darse un punto a la boca, partir discretamente, llevar a cabo con su acostumbrada habilidad la comisión que le encargaran y, una vez cumplido todo por la satisfacción del cardenal, acudir a él para reclamar su venganza.

Después de haber viajado toda la noche, milady llegó a las siete de la mañana al fuerte de La Pointe, a las ocho estaba a bordo, y a las nueve la embarcación, que, con despachos sellados por el cardenal, figuraba viajar a Bayonne, levó anclas e hizo rumbo a Inglaterra.


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