Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Me da la impresión que a la bribona se le trastrueca el juicio —dijo lord Winter, levantándose—. Venga, calmaos, señora puritana, u os hago encerrar en un calabozo. Pardiez, mi vino de España se os sube a la cabeza, ¿no es verdad? Pero no temáis, esa borrachera no es peligrosa y no tendrá malas consecuencias.
Y lord Winter se fue echando votos, lo cual era una costumbre muy aristocrática en aquel tiempo. Felton estaba detrás de la puerta y no habÃa perdido sÃlaba de la escena que acabamos de describir.
Milady habÃa dado en el clavo.
—SÃ, ve, ve —dijo la presa a su cuñado—, las consecuencias se acercan, al contrario, pero tú, necio, no las verás hasta que ya no puedas evitarlas.
Se restableció el silencio, y cuando dos horas después sirvieron la cena a milady, la encontraron ocupada en hacer en voz alta sus oraciones, oraciones que aquella aprendiera de un viejo servidor de su segundo marido, puritano y austero si los habÃa.
Milady, que estaba como en éxtasis, ni siquiera pareció fijar la atención en lo que pasaba a su derredor.
Felton hizo seña de que no distrajesen a la rezadora, y cuando la mesa estuvo dispuesta convenientemente, salió de puntillas con los soldados.