La Cautiva
La Cautiva con velocidad.
Sentada MarÃa
con su Brián la vÃa:
–¡Dios mÃo! –decÃa–,
de nos ten piedad.
Piedad MarÃa imploraba,
y piedad necesitaba
de potencia celestial.
Brián caminar no podÃa,
y la quemazón cundÃa
por el vasto pajonal.
Allà pábulo encontrando,
como culebra serpeando,
velozmente caminó;
y agitando, desbocada,
su crin de fuego erizada,
gigante cuerpo tomó.
Lodo, paja, restos viles
de animales y reptiles
quema el fuego vencedor,
que el viento iracundo atiza;
vuelan el humo y ceniza,
y el inflamado vapor,
al lugar donde, pasmados,
los cautivos desdichados,
con despavoridos ojos,
están, su hervidero oyendo,