Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Thak Chan conocía a muchos dioses, y trató de identificar a este. Los conocía como los poderosos, los capitanes que van antes y los viejos. Estaba Huitz-Hok, Señor de las Colinas y los Valles; Che, Señor del Bosque; e innumerables dioses terrenales; después estaban, por supuesto, Itzamma, que gobernaba el cielo, hijo de Hunab Kuh, el primer dios, y Hun Ahau, dios del submundo, Metnal, un lugar frío, húmedo y lúgubre bajo tierra, adonde iban a parar las masas del pueblo y los que llevaban una mala vida; y también estaba Aychuykak, dios de la guerra, al que siempre se llevaban a la batalla cuatro capitanes en una litera especial.
Tal vez este era Che, Señor del Bosque, y por eso Thak Chan decidió dirigirse a él así, y como era educado, le dio las gracias por salvarle de la extraña bestia. Sin embargo, cuando Che respondió, lo hizo en una lengua que Thak Chan jamás había oído y que pensó que quizás era la lengua de los dioses.
Tarzán miró al extraño hombrecillo moreno que hablaba ese asombroso lenguaje que él no podía entender; entonces dijo:
—Dako-zan —que en el lenguaje de los grandes simios significa «comida»; pero Thak Chan se limitó a menear la cabeza y se disculpó por ser tan estúpido.
