Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Las azules aguas del Mediterráneo se deslizaban por debajo del teniente Cecil Giles-Burton mientras volaba en dirección sur hacia la costa africana. Hasta ahora, la empresa había progresado con un éxito extraordinario, y habría sido muy sencillo dar la vuelta hacia el oeste ahora y regresar a Londres. Pero tenía razones para no hacerlo.
Sus órdenes eran seguir hacia el sur hasta Bangali, donde su padre era comisionado residente. Iba a dejar los planos robados con su padre y seguir hasta Ciudad del Cabo, como si realmente se tratara de un vuelo de recreo, tal como los periódicos habían anunciado.
Al Gobierno Británico le parecía poco prudente permitir que un poder amistoso sospechara que sus agentes habían robado los planos ante las narices del Gran Hombre, aun cuando en un principio les habían sido robados a ellos. Y como el padre del teniente Burton era comisionado residente en Bangali, el teniente había sido elegido para la misión. ¿Qué podía ser más natural que el que un hijo se detuviera a visitar a su padre en su vuelo a Ciudad del Cabo? En realidad, los archivos del gobierno demostrarían que había solicitado permiso para hacerlo.
