El don de la sensibilidad
El don de la sensibilidad Esta condición física implica la necesidad de una atención especial al cuerpo. No se puede ignorar, reprimir ni forzar sin consecuencias. El cuerpo sensible exige ser escuchado, respetado, cuidado con esmero. Saltarse comidas, dormir poco, vivir en ambientes caóticos o acelerados, exponerse a situaciones de tensión prolongada puede desencadenar una cadena de reacciones que afectan el sistema nervioso, el estado de ánimo y la energía vital.
La sensibilidad física también se expresa en un sistema inmunológico más reactivo. Erupciones cutáneas, fiebre del heno, intolerancias alimenticias, contracturas musculares, fatiga crónica o migrañas pueden ser manifestaciones del estrés acumulado. Muchas veces el cuerpo habla cuando la mente ha intentado adaptarse más de lo que puede. El cuerpo no miente, ni se adapta a las exigencias externas con facilidad. Necesita ritmo, equilibrio, descanso.