Middlemarch
Middlemarch Las nuevas cavilaciones que ocupaban ahora al señor Casaubon hacían que los interrogantes sobre su salud y su vida obsesionaran su silencio con una importunidad mucho más molesta que la provocada por la inmadurez otoñal de su obra. Es cierto que esta última podía considerarse su ambición fundamental; pero hay algunos tipos de voluntad creadora cuyo fruto más destacado es, con gran diferencia, la desasosegada susceptibilidad que se acumula en la conciencia del autor: se sabe de la existencia del río por unos cuantos hilos de agua entre depósitos seculares de molesto cieno. Eso era lo que sucedía con las arduas tareas intelectuales del señor Casaubon. Su resultado más característico no era la Llave de todas las mitologías, sino el convencimiento enfermizo de que otros no le reconocían la preeminencia que él no había merecido de manera demostrable; la sospecha perpetua de que las opiniones que se tenían sobre él no le favorecían; la melancólica ausencia de pasión en los esfuerzos para realizar su obra y una resistencia apasionada a confesar que no había logrado nada.