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Si te asalta la promesa de algún placer, cuÃdate de no dejarte llevar por ella; deja que la situación aguarde tu decisión y procúrate alguna demora. Luego represéntate dos momentos: aquél durante el cual gozarás de ese placer y aquél durante el cual te arrepentirás de haberlo gozado. Hecho esto, en contraposición con lo anterior, imagÃnate cómo te sentirás si te abstienes. Y si aun asà llegas a la conclusión que puedes gozar razonablemente de ese placer, no te dejes dominar por su seducción y por su fuerza agradable y atractiva; considera que lo más excelso de todo placer es el saber que se lo ha dominado y vencido.
Cuando hagas algo que, según tu mejor criterio, debe ser hecho, nunca tengas vergüenza de que te vean haciéndolo, aun cuando todo el mundo pueda formarse una idea equivocada de lo que haces. Porque, si no has de obrar rectamente, desiste de la acción misma; pero si tu obrar es recto, ¿por qué habrÃas de temer a quienes te juzgan en forma equivocada?
Asà como la proposición «O bien es de dÃa, o bien es de noche» es muy cierta formulada con partÃcula disyuntiva y completamente falsa con partÃcula conjuntiva, del mismo modo el tomar la porción más grande en un banquete es muy apropiado para el apetito corporal pero completamente inconsistente con el espÃritu social de una reunión. Por lo tanto, cuando comas con otros, ten presente no sólo el valor que para tu cuerpo tienen las cosas colocadas sobre la mesa, sino el valor del comportamiento que se le debe a la persona que ofrece el banquete.
Si has asumido un cargo superior a tus fuerzas, no sólo tendrás un mal desempeño en él sino que perderás el que hubieras podido ejercer con éxito.
Cuando caminas tienes cuidado de no pisar un clavo o de no torcerte en pie. De la misma manera, cuÃdate de no dañar la facultad que gobierna tu mente. Si respetamos esto en cada acción, todo lo que emprendamos lo haremos con mayor seguridad.
Para cada uno, el cuerpo es la medida de lo que le corresponde, asà como el pie es la medida del calzado. Por lo cual, si te limitas a ello, mantendrás la medida; pero si vas más allá de ello, si en el calzado excedes la medida de tu pie, pretenderás primero un calzado de oro, luego de púrpura y luego otro cubierto de piedras preciosas. Una vez que hayas excedido la medida adecuada ya no sabrás dónde está el lÃmite.
A partir de los catorce años a las mujeres se las halaga con el tÃtulo de «doncellas». Al percibir que se las considera tan sólo calificadas para darle placer a los hombres, comienzan a adornarse y a poner todas sus esperanzas en su apariencia. Por ello, deberÃamos esforzarnos por hacerles ver que las apreciamos, no por sus ornamentos, sino porque son decentes, modestas y discretas.
Es un indicio de falta de genio el dedicarle demasiado tiempo a las cosas relacionadas con el cuerpo como el perder un tiempo exagerado en ejercicios fÃsicos, en comer, en beber y en las demás funciones corporales. Todo ello deberÃa ser practicado en forma circunstancial y moderada. Nuestra mayor atención deberÃa estar centrada en el entendimiento.
Si una persona te perjudica o habla mal de ti, recuerda que actúa suponiendo que está bien actuar asÃ. No es posible pensar en que actuarÃa según lo que te parece bien a ti pero no le parece bien a él. Por lo tanto, si está juzgando a partir de una falsa apariencia, es él quien se perjudica porque él es quien se engaña. Porque si alguien supone que una proposición verdadera es falsa, la proposición no dejará de ser verdadera, pero el que la supuso falsa se perjudicará por su error. Partiendo, pues, de estos principios, tolera con paciencia a la persona que te injuria y, en cada una de esas ocasiones, dirás tan sólo: «Asà le pareció a él».
Todo tiene dos caras; siendo que una de ellas es soportable y la otra no lo es. Si tu hermano actúa de un modo injusto, no te aferres a esa acción por la cara de la injusticia porque por ella no lo podrÃas soportar. Considera la otra cara de la cuestión: es tu hermano y os habéis criado juntos. De esta forma habrás considerado el asunto por el lado en que se lo puede sobrellevar.
Los siguientes razonamientos no se condicen: «Soy más rico que tú, por lo tanto soy mejor»; «Soy más elocuente que tú, por lo tanto soy mejor». Lo que se condice es más bien lo siguiente: «Soy más rico que tú, por lo tanto mis propiedades son mayores que las tuyas»; «Soy más elocuente que tú, por lo tanto mi estilo es mejor que el tuyo». Sin embargo, después de todo, tú no eres ni una propiedad ni un estilo.
¿Alguien se lava en muy poco tiempo? No digas que se lava mal sino que se lava rápido. ¿Alguien toma una gran cantidad de vino? No digas que no sabe beber, simplemente di que toma mucho. A menos que conozcas la razón por la cual alguien actúa de determinada manera ¿cómo puedes saber si actúa mal? Actuando de esa forma no correrás el riesgo de opinar guiado por las apariencias sino guiado solamente por lo que has comprendido bien.
No digas nunca que eres un filósofo ni te pongas a hablar extensamente ante ignorantes sobre los principios que sustentas; limÃtate a actuar conforme a dichos principios. AsÃ, en un banquete no te pongas a hablar sobre como se debe comer sino come como se debe. Recuerda que fue de esta manera que Sócrates evitó toda ostentación. Y cuando se le acercaban personas pidiéndole que las recomendara a algún filósofo, él iba y las recomendaba; tan poco le importaba que lo pasaran por alto.
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