Las Coéforas
Las Coéforas CORO. ¡Oh grandes Moiras, que todo se cumpla por obra de Zeus en el sentido que reclama la justicia! «Que un ultraje se pague con otro ultraje», grita la justicia, reclamando lo que se le debe. «Que un golpe mortal se expíe con otro golpe mortal: el que así ha obrado así sufra», proclama una máxima tres veces vieja.
ORESTES. ¡Oh padre, mísero padre! ¿Qué cosa haciendo o diciendo podría arribar de lejos, con viento propicio, al lecho que te retiene? La luz y las tiniebla se compensan: el llanto que celebra a los Atridas ante palacio es también un grato homenaje.
CORO. Hijo, la feroz quijada del fuego no domina el espíritu del muerto: un día u otro manifiesta su cólera. El muerto es llorado y el vengador aparece. El lamento justificado por padres y genitores arrastra la casa, cuando se lanza con todo vigor.
ELECTRA. Escucha, pues, padre, en respuesta a mis luctuosos pesares. Tus dos hijos sobre la tumba gimen un treno: un sepulcro nos acoge, suplicantes e igualmente desheredados. ¿Qué de estas cosas está sin males? ¿No es invencible Ate?
CORO. Pero todavía un dios, si quiere, puede hacer salir de estos males cantos de acentos más dulces. En vez de lamentos sobre una tumba, el peán puede traer al palacio real una querida crátera de vino nuevo.