El Periquillo Sarniento. Tomo I

El Periquillo Sarniento. Tomo I

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En aquel momento me acordé de sus extravíos, de sus depravados consejos, ejemplos y máximas infernales; sentí mucho su desgracia; lloré por él, al fin lo traté de amigo y nos criamos juntos; pero también di a Dios muy cordiales gracias porque me había separado de su amistad, pues con ella y con mi mala disposición fijamente hubiera sido ladrón como él, y tal vez a aquella hora me sostendría el árbol de enfrente.

Confirmé más y más mis propósitos de mudar de vida, procurando aprovechar desde aquel punto las lecciones del mundo y sacar fruto de las maldades y adversidades de los hombres; y empapado en estas rectas consideraciones, saqué mi mojarra, y en la corteza del árbol donde estaba Januario grabé el siguiente:

SONETO

¿Conque al fin se castigan los delitos,

y el crimen siempre su cabeza erguida

no llevará? Januario, aunque sin vida,

desde ese tronco lo publica a gritos.

¡Oh, amigo malogrado! Estos distritos

salteador te sufrieron y homicida;

pero una muerte infame y merecida

cortó el hilo de excesos tan malditos.

Tú me inculcaste máximas falaces

que mil veces seguí con desacierto;

mas hoy suspenso del dogal deshaces

las ilusiones. Tu cadáver yerto

predica desengaño, y las veraces


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