El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Salà a cumplimentarlos bien amostazado, y me hallé con mi esposa transformada de cortesana en pastora de la Arcadia; porque la madrina la vistió con un túnico de muy fina muselina bordada de oro; le puso zapatos de lama del mismo metal y le atravesó una banda de seda azul celeste con franjas de oro. TenÃa el pelo suelto sobre la espalda y recogido en la cabeza con un lazo bordado, y cubierta con un sombrerillo de raso también azul con garzotas blancas.
Este sencillo traje me sorprendió también, y me serenó algo la cólera que me habÃa dado el descuido de Anselmo; porque, como mi novia era hermosa y tan niña, me parecÃa con aquel vestido una ninfa de las que pintan los poetas. A todos les pareció lo mismo y la celebraban a porfÃa.
Cuando Anselmo me vio un poco sereno, dijo:
–Vámonos, señores, que ya es tarde.
Salieron todos y yo con ellos al lado de mi esposa, pensando con qué pito irÃa a salir el socarrón de Anselmo; pero ¡cuál fue mi gusto cuando llegando a una gran casa de campo, que era de un conde rico, fui mirando lo que no esperaba!
No quiso Anselmo que nos dilatáramos en ver la casa, sino que nos llevó en derechura a la huerta, que era muy hermosa y muy bien cultivada.