El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Fuera de que, como veréis en mi vida, hay muchos amigos, pero pocas amistades. Amigos sobran en el tiempo favorable; pero pocos o ningunos en el adverso. Tened cuidado con los amigos y experimentadlos. Cuando hallareis uno desinteresado, verdadero y a todas luces hombre de bien, amadlo y conservadlo eternamente; pero cuando en el amigo advirtiereis interés, doblez o mala conducta, reprochadlo y jamás os fiéis de su amistad.
“Por último: observad los consejos que mi padre me escribió en su última hora, cuando yo estaba en el noviciado, y os quedan escritos en el capítulo XII del tomo I de mi historia. Si cumplís exactamente, yo os aseguro que seréis más felices que vuestro padre.”
Pasados estos y otros coloquios semejantes, abrazó don Pedro a sus hijos y a su mujer, les dio muchos besos y se despidió de ellos, haciéndome llorar amargamente, porque los extremos de la señora y los niños desmintieron toda la filosofía del razonamiento preventivo. Los llantos, las lágrimas y los extremos fueron lo mismo que si el enfermo no hubiera hablado una palabra.
Por fin quedó el paciente solo y me dijo:
–Ya es tiempo de desprenderme del mundo y de pensar solamente en que he ofendido a Dios y que deseo ofrecerle los dolores y ansias que padezco en sacrificio por mis iniquidades. Haz que venga mi confesor el padre Pelayo.