El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I La vista horrorosa de aquel espectáculo sorprendió a todos, y a mí me llenó de susto y de lástima; de susto, por el riesgo que corría Januario si lo llegaban a descubrir, y de lástima, considerando la injusticia con que habían sacrificado aquella víctima inocente a su codicia.
A poco rato llegaron casi juntos el médico y el confesor, a quienes fue a llamar un soldado por orden del sargento, luego que éste desde la calle oyó los gritos de la muchacha.
En cuanto llegaron, se acercó el sacerdote a la cama, y viendo que ni por moverla, ni por hablarla se movía, la absolvió bajo de condición, y se retiró a un lado.
Entonces se acercó el médico y, como más práctico, advirtió que estaba privada y que aquella sangre era un achaque mujeril. Salímonos a la sala, ya consolados de que no era la desgracia que se pensaba, mientras entre el médico y la moza curaron caseramente a la enferma.