Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda Como mi corazón siempre ha sido muy dócil, aproveché estas lecciones grandemente. Di de mano a los importunos predicadores, me entregué del todo a los placeres, y me pasé dos años... ¡Ah qué dos años!, los más alegres que se pueden imaginar.
Dentro de pocos días, gracias a los saludables consejos y edificantes ejemplos de mis amigos, dentro de pocos días ya echaba yo un voto y veinte desvergüenzas con el mayor desembarazo, me burlaba de la religión y sus ministros; y el jugar mal, quitar un crédito y hacer otras cosillas de éstas, me parecían ligerezas, puntos de honor y urgencias de la necesidad.
Si el primer año de esos dos fue bueno, el segundo fue inmejorable, porque a sus principios se le puso a mi padre en la cabeza la majadería de morirse, y se salió con ella, mi madre no tuvo valor para quedarse sola, y dentro de un mes le fue a acompañar al camposanto.
Increíble es el gusto que yo tuve el verme libre de ese par de viejos regañones, que aunque es verdad que me querían mucho y jamás se oponían a mis ideas, sin embargo no sé qué contrapeso me hacían con su encierro y caras arrugadas. Es verdad que algunas malas lenguas dijeron que yo los había matado a pesadumbres; pero fue una calumnia de gente maliciosa, pues yo siempre he sido hombre de bien, como habéis visto y seguiréis viendo en el discurso de mi vida.