Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Anthony tiene razón —dijo Gloria tranquilamente cuando su amiga terminó de hablar—. No es nada divertido ir por ahà cuando tienes la impresión de que la gente te mira con malos ojos.
El joven Patch intervino con tono quejumbroso y los ojos arrasados en lágrimas:
—¿No te parece que cuando hasta Maury Noble, que era mi mejor amigo, no viene a vernos va siendo hora de dejar de telefonear a la gente?
—Tú tuviste la culpa de lo de Maury Noble —dijo Gloria con frialdad.
—No la tuve yo.
—¡Claro que la tuviste!
Muriel intervino rápidamente:
—El otro dÃa estuve con una chica que conocÃa a Maury, y dice que ha dejado de beber. Se está volviendo muy prudente.
—¿Que ya no bebe?
—Nada, prácticamente. Está ganando montones de dinero. Parece que ha cambiado desde que terminó la guerra. Va a casarse con una chica de Filadelfia que tiene millones, Ceci Larrabee… por lo menos eso es lo que dijo Town Tattle.
—Tiene treinta y tres años —dijo Anthony, pensando en voz alta—. Pero resulta extraño imaginárselo casado. Me parecÃa una persona extraordinariamente brillante.