Madame Bovary
Madame Bovary —Tengo una religión, mi religión, y tengo más que todos ellos, con sus comedias y sus charlatanerÃas. Por el contrario, yo adoro a Dios. ¡Creo en el Ser Supremo, un Creador, cualquiera que sea, me importa poco, que nos ha puesto aquà abajo para cumplir aquà nuestros deberes de ciudadanos y de padres de familia; pero no necesito ir a una iglesia a besar bandejas de plata y a engordar con mi bolsillo un montón de farsantes que se alimentan mejor que nosotros! Porque se puede honrarlo lo mismo en un bosque, en un campo, o incluso contemplando la bóveda celeste como los antiguos. Mi Dios, el mÃo, es el Dios de Sócrates, de Franklin, de Voltaire y de Béranger[32]. Yo estoy a favor de la Profesión de fe del vicario saboyano[33] y los inmortales principios del ochenta y nueve. Por tanto, no admito un tipo de Dios que se pasea por su jardÃn bastón en mano, aloja a sus amigos en el vientre de las ballenas, muere lanzando un grito y resucita al cabo de tres dÃas: cosas absurdas en sà mismas y completamente opuestas, además, a todas las leyes de la fÃsica; lo que nos demuestra, de paso, que los sacerdotes han estado siempre sumidos en una ignorancia ignominiosa, en la que se esfuerzan por hundir con ellos a los pueblos.