Madame Bovary
Madame Bovary —No se piensa en nada —proseguÃa él, las horas pasan. Uno se pasea inmóvil por paÃses que cree ver, y su pensamiento, enlazándose a la ficción, se recrea en los detalles o sigue el hilo de las aventuras. Se identifica con los personajes; parece que somos nosotros mismos los que palpitamos bajo sus trajes.
—¡Es verdad! —decÃa ella—; ¡es verdad!
—¿Le ha ocurrido alguna vez —replicó León— encontrar en un libro una idea vaga que se ha tenido, alguna imagen oscura que vuelve de lejos, y como la exposición completa de su sentimiento más sutil?
—¡SÃ, me ha sucedido! —respondió ella.
—Por eso —dijo él— me gustan sobre todo los poetas. Encuentro que los versos son más tiernos que la prosa, y que consiguen mucho mejor hacer llorar.
—Sin embargo, cansan a la larga —replicó Emma; y ahora, al contrario, me gustan las historias que se siguen de un tirón, donde hay miedo. Detesto los héroes vulgares y los sentimientos moderados, como los que se encuentran en la realidad.